Los que vigilan (*)

13533191_1018806344871095_6562698978960484401_nComo es habitual, me paso por las colonias gatunas de mi pueblo. Ellas me conocen y cuando me ven aparecer, salen de sus escondrijos y se acercan. Unos más confiados que otros. Esperan su comida y tal vez, mis palabras que siempre les cuentan cosas. Ellas me miran y escuchan y con sus ojos también me narran sobre lo dura que es la vida en la calle.

El otro día andaba por allí, siempre alerta, pues es ilegal alimentar a los gatos, cuando aparecieron dos niños con sendos palos en la mano. Se acercaron a mí y me preguntó el mayor de ambos:

—Hola, ¿tú eres el que alimenta a los gatos de por aquí, verdad?

—Así es —indiqué con un plato de comida en las manos.

—A nosotros nos gustan mucho los gatos, tenemos dos en casa —los críos eran hermanos—. Vinieron de una protectora. Y ahora vigilamos la zona.

—¿Vigilar? ¿Y eso? —pregunté observando los palos…

—Porque el otro día la vecina X nos dijo que un viejo con sombrero se dedica a pegar a los gatos que hay en el jardín del colegio—. “El jardín del colegio” es una colonia que hay a unos 100 metros de la mía y que cuidan varias señoras mayores que conozco.

—Vaya. ¿Por eso lleváis los palos?

—Claro, si lo vemos pegando a un gato, le damos una paliza.

Ver a dos críos tan pequeños y decididos que, a pesar de los palos, poco harían frente a un sujeto como el descrito, un delincuente, resultaba cómico y preocupante a la vez. Por un lado en sus pequeños cerebros ya atisbaban la diferencia entre el bien y el mal, todo aderezado con la semilla heroica e ingenua que a esas edades suele florecer en los corazones sencillos. Por otro, su actitud podría acarrear problemas a ellos, sus padres, y por supuesto a los gatos de la colonia.

—¿Y cómo podría ayudaros? —continué.

—No hace falta, en realidad sólo veníamos a contarte que ese viejo anda por aquí, pero que nosotros lo vigilamos.

—Muy bien. Vamos a hacer una cosa. Si lo veis haciendo algo a los gatos, antes de nada, hacerle unas fotos o grabadlo en video, con el móvil —sí, el mayor lo tenía— y me lo pasáis. Yo me encargaré de denunciarlo. Luego os escondéis y seguís vigilando ¿Os parece bien?

—¡Pero yo quiero pegarle una paliza! —comenta el más pequeño de los dos por primera vez.

—¿Sabes lo que pasa? —le dije muy serio—. Que si le pegas, él puede vengarse y matar a todos los gatos de la colina. ¿Es eso lo que queremos?

—No, claro —comenta el mayor, mientras el peque baja la mirada.

—Pues hacemos eso, vosotros vigiláis y si le veis hacer algo malo a los gatos, me lo decís y yo me ocupo del resto. ¿Ok?

Aceptaron el trato y se fueron corriendo a sus puestos de guardia. Me quedé pensando en Broken. Broken fue la única superviviente de una camada de gatos que unos niños usaron como pelotas para jugar. Todos los cachorros murieron excepto Broken que, maltrecha, acabó en el veterinario aunque su pequeño cuerpecito no pudo superar las terribles lesiones infligidas.

Broken murió a manos de unos críos de la misma edad que estos dos chicos. Los que vigilan…

Broken[1]
Broken
(*) Publicado en el Blog del PACMA.

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