El Japón

sin-titulo-1-copiaJapón es un paradigma de supervivencia. El feudalismo le alcanzó hasta el S. XIX, cuando medio mundo era sometido por el imperialismo europeo apoyado en una indiscutible superioridad industrial, tecnológica, científica y tal vez, social y política.

Cuando Mutshuito, Emperador Meiji, accedió al trono, las cosas cambiaron. Japón iba a pasar de ser un estado feudal a la primera potencia oriental en apenas 40 años. Para ello Meiji no dudó en arrasar todas las estructuras tradicionales y enclaustrarlas en circos, teatros y tiendas de ropa. Respetando sólo aquellos valores clásicos que aportaran alguna ventaja en el nuevo Japón. Japón miró al futuro.

Por las mismas fechas España perdía el tiempo lamentando un pasado glorioso que en realidad nunca existió. Porque la “Gloria Española” del siglo XVI sólo lo fue de la dinastía Habsburgo y los privilegiados de las distintas entidades políticas asentadas en la península y anejos: reinos y condados. Las castas más bajas de la sociedad apenas sabían que había más allá del término de su pueblo.

España rebuscaba en la escombrera de los viejos palacios algo de valor, pero no para invertirlo en la construcción de algo nuevo, sino para intentar alumbrar con la gloria de otros la oscuridad en que andaba perdida. Y sobre todo, aparentar. Pingüe brillo inventado que apenas daba para comer y mucho menos para escapar de las tumbas de pobres benditos repartidas por media Europa. España miró al pasado.

 

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