Más fútbol por favor

aaaEn 1933 el número de judíos en Alemania no superaba el 0.75% de la población (1). Sin embargo, eran el enemigo número uno. Hoy día en Francia el número de musulmanes es del 7.5% pero el resto de franceses piensa que anda en el 31% o Italia, donde sólo son el 3,7% y los otros italianos creen que rondan el 20% (2). No han pasado ni 80 años y ya nos hemos buscado un nuevo enemigo.

Tal vez existan motivos evolutivos para esta tendencia del ser humano a buscar responsables de las desgracias propias en los otros. Pudo ser un mecanismo de supervivencia ver al “ajeno” a la comunidad convencional como un peligro. También es más cómodo culpar a ellos que a nosotros. Los humanos parecen necesitar alguna forma  de identidad por encima del propio individuo y toda identidad genera un contraste con quién no comparte esa identidad.

A finales del XIX el sociólogo francés E. Durkheim introdujo el término “anomia” (3) para describir ese estado de desarraigo que impide el devenir existencial del individuo, sin normas con qué identificarse. La pérdida de identidad. Ese estadio emocional fruto de la destrucción de las formas de vida tradicionales con motivo de la rápida industrialización y consecuentes cambios en los métodos de organización social modernos.

Es fácil imaginar la sensación entre miedo y pérdida del sencillo agricultor que a mediados del XIX abandona su pueblo para buscarse la vida en esa ciudad de acero y hormigón que hasta entonces era una “cosa” más allá de cualquier límite conocido.

El éxito de los deportes de masas vienen a suplir esa carencia de identidad en los tiempos modernos. La pertenencia a un grupo sacia esa necesidad de identidad en un mundo global y además, fabrica un conjunto de grupos opositores a los que enfrentarse y con los que marcar fronteras. No es de extrañar que los deportes de masas estén compuestos de equipos, grupos, con los que se identifica la afición hasta el paroxismo. Es una buena forma de canalizar esas necesidades de identidad y oposición que, cuando se asimilan a nación, raza, especie, religión, etc. no traen nada bueno.

(1) https://www.ushmm.org/wlc/es/article.php?ModuleId=10007590

(2) http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/09/mundo_global/1486646277_924426.html

(3) E. Durkheim. “La división del trabajo en la sociedad”, 1893.

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