Los berberechos de Da Vinci

Da Vinci se despierta de un sueño turbulento.

DA VINCI (gritando por la ventana de la alcoba): Llegará el día en que los hombres consideren asesinato matar a los otros animales.

Aparece corriendo su sirviente Sancho.

SANCHO: Señor ¿Otro mal sueño? ¿Se ha tomado la B12?

DA VINCI: Sí, mi querido Sancho. Esa no es la cuestión. Trae la bacinilla.

Sancho corre a por ella y Da Vinci no tarda en rellenarla con sus olorosos líquidos nocturnos.

DA VINCI: ¿Qué es la Justicia Sancho?

SANCHO: Mi Señor, eso es algo que escapa a mis entendederas.

DA VINCI (sacudiendo las últimas gotitas amarillas): Te lo preguntaré de otro modo, ¿Es justo que convirtamos a los cerdos en chorizos?

SANCHO (limpiándose una gotita amarilla de la frente): ¡Claro mi Señor! están para eso.

DA VINCI: ¿Y eso quién lo decide Sancho?

SANCHO: No sé, mi Señor, ¿Dios?

DA VINCI: ¡Manía de culpar a Dios, la Naturaleza o los sabios de la Antigüedad sobre nuestras decisiones! Dime Sancho, ¿Qué te diferencia de un cerdo?

SANCHO (olisqueándose): Mi Señor, ¿que insinúa?

DA VINCI: Digo qué no hay diferencia entre tú, yo o un cerdo. Porque no estoy hablando de tener dos o cuatro patas, sino de la Justicia. Sancho ¿Es justo que yo te de un puñetazo? Y Da Vinci le suelta un puño en la cara.

SANCHO (amasándose la mejilla que firmó el Maestro): Mi Señor, no me parece justo. La verdad. No entiendo por qué lo ha hecho.

DA VINCI: Lo siento Sancho, pero ¿Qué tiene de malo?

SANCHO: Imagino que me ha dolido y que de haber sido una espada, me habría matado.

DA VINCI: Cierto. Y es injusto que yo o cualquier otro te inflija dolor, incluso que pueda causarte la muerte. ¿Por qué Sancho?

SANCHO: Porque soy como Vos y el dolor no es bueno para ambos.

DA VINCI (escurriendo las últimas gotitas amarillas): Error, Sancho. Tú no eres como yo, como tampoco lo es el soldado que muere en la batalla o el nuevo Papa de Roma. Todos somos hombres, sí, pero a la vez diferentes.

SANCHO: Me temo, mi Señor, que la diatriba entre el nominalismo a luz de los textos de Ockham  en relación a la fenomenología neoescolástica es una tarea que tengo pendiente.

DA VINCI: Es más sencillo, mi querido Sancho, cada cual es como es, único, pero a todos nos une algo: la capacidad de sufrir. Y es injusto que yo o cualquier otro te haga sufrir, a ti, a mí, al labriego o al Príncipe. Porque nacer pobre, rico, listo o tonto, hombre o mujer, es un azar. Son categorías que hemos creado… no sé muy bien por qué. Pero sufrir, podemos hacerlo todos.

SANCHO: ¿Y?

DA VINCI: ¡Joder Sancho! Pues que un cerdo también sufre y por eso es injusto hacerle sufrir.

SANCHO: Ya, mi señor, pero es un animal.

DA VINCI: Y tú un necio y las mujeres, mujeres y los negros, negros… trae una lata de berberechos para desayunar.

SANCHO: Pero Señor, los berberechos son animales, sufren como un cerdo.

DA VINCI: Hum… son animales, cierto, pero no tengo claro que sufran. Por si acaso, no la traigas. Trae algún vegetal. Hum, cada día se descubren nuevas especies de plantas… mejor dicho, trae cualquier cosa con la condición de que no pueda sufrir.

 

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