El ciclista

“Los va a ahorcar”, pensó.

Corría con la “bike” por un sendero entre olivos cuando vio el Patrol blanco detenido. ¿La Guardia Civil? No parecía. A unos 50 metros del camino había una torre de alta tensión y allí estaba un hombre con dos perros marrones, podencos. El tipo estaba preparando unas cuerdas junto a la torre de metal. Los perros sentados a su lado, oteando.

Detuvo la bicicleta junto al Patrol y espió. No había duda, estaba preparando dos horcas. Los animales descubrieron al ciclista y miraban en su dirección, atentos. Este ojeó dentro del coche y le gustó lo que vio. “Una Beretta superpuesta, cañón de 71 cm y cinco choques…”. Se ajustó los guantes de ciclista, abrió la puerta del vehículo  y la cogió. “¿Estará cargada?” No lo estaba.  La cargó.

Avanzó hacia la torre de alta tensión, en silencio, acechando. Las chicharras eran sus cómplices, la tierra blanca, blanda, también. Los perros estaban ahora entretenidos moviendo el rabo y lamiendo las manos de su dueño, mientras este colocaba las cuerdas alrededor de sus cuellos.

Ajustado el collar de la muerte pasó las cuerdas por un travesaño de la torre, las tensó y ambos perros alzaron el vuelo. Uno de ellos chilló.

– ¡Eh! Gritó el ciclista. Las chicharras callaron. El tipo soltó las cuerdas sorprendido. Los perros cayeron muy asustados. – ¡Quítaselas! – Ordenó mientras encañonaba al tipo de mirada vacía y ceño cruel. Obedeció. Los perros escaparon.
– Hijo de puta, ¿Qué haces? ¿Me vas a disparar? Gritó el verdugo.
– No. Túmbate boca abajo. El ciclista pisó la nuca del tipo, sacó una brida de plástico de su riñonera y ató las manos del sujeto a la espalda. – ¡Ponte de rodillas!-
– Maldito urbanita de mierda. Maricón de los cojones. No tienes huevos a dispararme ¿Sabes que te voy a buscar? Escupió al ciclista.
– ¿Por qué lo hacías?
– Porque puedo, porque son míos. Porque ya no sirven. ¿Algún problema?
– Eres un monstruo. Ellos te aman.
– Son dos perros de mierda. Tengo muchos más. Siempre se ha hecho así. ¿Acaso tú no eliminas la basura?
– Ellos te aman.
– Maricón hijo de puta. Te vas a cagar. ¡Te voy a matar! Y voy a matar a esas dos mierdas. Que sepas que ahora les voy a quitar el chip estando vivos…

El ciclista le introduce los cañones en la boca. El tipo le mira desafiante, ojos de odio, de muerte, de venganza.

– Te iba a disparar en el corazón, pero no tienes. Quitó el seguro.

Los ojos de la víctima se abrieron de par en par y mostraron miedo por primera vez. Sabía usar el arma…

– Nofff, bor fav…- Intentó decir algo.
– Ellos te amaban. Apretó el gatillo, una detonación y la cabeza estalló como una sandía contra el suelo.

El ciclista volvió al camino pisando sus huellas, dejó la escopeta en el Patrol, se echó la bicicleta al hombro y regresó por donde había venido.

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