Cultura del privilegio

Ves como un tipo la golpea porque lleva minifalda. Te indignas, indagas y descubres que es su pareja. A él no le gusta que ella “enseñe el coño” de esa manera. ¡La podrían violar! ¡Podría seducir a otro! Etc. Al final acabas olvidando que el tipo la ha golpeado.

Ves como un tipo arrea una patada al perro. Es sólo un perro, no son personas, algo habrá hecho, hay que educarlos así, etc. Al final olvidas que un tipo arreó una patada al perro.

Un tipo patea a un negro… ¿Qué hace aquí? ¡Robarnos el trabajo! Etc.
Un tipo golpea a un gay ¡Son antinaturales! ¡Promiscuos! Etc.
Un tipo apedrea a un moro ¡Sucio Talibán! ¡Un terrorista menos! Etc.
Un tipo tortura a un toro en la plaza ¡Cultura, tradición, el toro no sufre! Etc.
Un tipo patea, golpea…
Un tipo mata.

El privilegio altera la visión individual para, enfocando la cuestión en la víctima, se difumine la criminalidad del acto. Esta visión repetida a lo largo del tiempo se materializa en tradición y culmina como parte del acervo cultural de un grupo, pasa a ser algo natural, habitual, correcto…

A estas alturas de la película los humanos, hombres, blancos, heterosexuales, cristianos, occidentales, etc. poseen unos privilegios por el mero hecho de pertenecer al grupo que a nivel individual la mayoría no alcanzarían por méritos propios. Sin sus privilegios no serían nada y los defenderán hasta la muerte.

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