Superconductores, feministas y animalismos varios.

Dos son los principales enemigos de la Ciencia: el fundamentalismo fruto de la ignorancia y la economía. Hace muchos años, en el laboratorio de física de la Facultad de Matemáticas de la UNED, nos lo explicaron en relación – ¿cómo no? – a los “superconductores”.

Un superconductor es un material con la capacidad de conducir corriente eléctrica sin resistencia. Las aplicaciones técnicas de estos materiales son infinitas y acarrearían un cambio en nuestra forma de vida sólo equiparable al que hubo con la domesticación del fuego o la Revolución Industrial.

Por citar un par de ejemplos, el aprovechamiento de la energía eólica, hidráulica, solar, se optimizaría hasta la autonomía energética e independencia del petróleo. Pero la aplicación más espectacular sería la levitación magnética.

El efecto Meissner implica que el campo magnético de un superconductor por debajo de su temperatura crítica es expulsado de manera qué, aplicando un imán sobre el mismo sería repelido. Una calzada fabricada con un material superconductor permitiría desplazarse a un vehículo equipado con imanes, sin rozamiento, con un mínimo coste de energía…

La pega es que los superconductores que hoy día se conocen sólo consiguen la propiedad de anular la resistencia eléctrica a muy bajas temperaturas, en general cerca del cero absoluto (-273º), lo que impide su aplicación en la vida ordinaria o con un coste prohibitivo.

En conclusión, quién descubra “un superconductor a temperatura ambiente” obtendrá el nobel, pero su integridad quedará amenazada. Un superconductor a temperatura ambiente eliminaría de un plumazo el sistema económico-social-político actual basado en la energía fósil, la independencia energética democratizaría el acceso a los recursos, producción, comercio, etc.

Demasiados privilegios en juego.

En consecuencia no serían pocos los creacionistas, magufos, médicos, periodistas, abogados y milenaristas varios que hablarían del fin del mundo, animados/comprados por los grupos privilegiados en peligro, para desprestigiar cualquier opción al cambio, evitarlo, condenarlo.

Nada nuevo, podemos observar esta estrategia como reacción a cualquier intento de evolución, desde el movimiento feminista o animalista hasta el que afecta a los perversos intereses del lobby de la salud (medicina/farmacia) y por supuesto, víctimas habituales, las energías renovables-no contaminantes, etc.

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