Breve historia de la violencia.

El macho con pretensiones Alfa se pavonea frente a la hembra. Muestra sus poderosos bíceps, camina muy tieso para parecer más alto, gesticula buscando la mirada de ella, etc. Podría tratarse de cualquier discoteca de hoy día, pero este macho pertenece a una manada humana de hace medio millón de años.

De repente aparece otro macho con intenciones de cortejar a la misma hembra. Ambos machos se encaran mientras la hembra se come unas uvas. Saltan, gritan, miradas asesinas, chulería, etc. Parece que llegan a las manos, la hembra espera, pero no… no habrá violencia física. Uno de ellos agacha la cabeza, cede y se hará una paja detrás de una piedra.

No se pueden matar. Son una manada pequeña, como todas. Al borde, siempre, de la desaparición. La pérdida de un individuo es una tragedia al poner en peligro la pervivencia del resto. Si es una hembra, la tragedia es hecatombe. Cualquier herida puede ser mortal. La violencia se queda en eso, gestos, bravatas. Pero 485.000 años después la cosa empieza a cambiar…

La población ha crecido. Las manadas son ahora comunidades sedentarias. Hay un territorio que arroja recursos y excedentes… los individuos no son imprescindibles. Si mueren unos cuantos no pasa ni media. Nos permitimos guerras para aumentar el territorio. Podemos hacer incursiones para robar hembras e incrementar la comunidad, los recursos, los excedentes y su control. Podemos desatar la violencia, dar curso a nuestra naturaleza más profunda: someter, esclavizar, matar.

Hace unos 2.500 años algunos, aunque sólo fuera para que no les tocara a ellos, decidieron poner límite a la violencia e inventaron una serie de principios para limitar los estacazos. Estos principios pasaron pronto a ser parte fundamental de la Cultura de una sociedad. Pero la violencia, natural en los primates, era difícil de atajar. Así que la canalizaron (violencia institucionalizada la llaman) hacia elementos irrelevantes: mujeres (había de sobra), extranjeros, animales, bárbaros, etc. y darles excusa mediante la propia Cultura.

La historia de la humanidad se puede resumir en un viaje para acotar la violencia primero y erradicarla después. Un camino entre los impulsos naturales y la cultura. No siempre la cultura ha podido cumplir su objetivo. Primero, porque la propia cultura ha mantenido grietas por donde se colaban hechos violentos: sexismo, racismo, especismo, carnismo, homofobia, etc. Segundo, porque no todo el mundo estaba/está dispuesto a asumir valores justos, éticos, dignos, etc. y es qué, mediante la violencia, puedes defender privilegios… que para muchos son difíciles de soltar.

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