Un viaje sin retorno

Con la tragedia climática del año 2038 se vinieron abajo los fundamentos de la civilización. El resultado fue un cambio en los valores: la Tecnociencia se convirtió en el árbitro de la humanidad. Los propagadores del misticismo político, económico, religioso, filosófico, ético, etc. fueron ejecutados y la humanidad trabajó al unísono por su supervivencia. Los beneficios fueron inmediatos. Entre los muchos uno brilló con luz propia: el desarrollo de la tecnología de fusión nuclear y aplicación al “Estatorreactor”, el primer propulsor con capacidad para los viajes estelares.

En un fino equilibrio entre la Luna y la Tierra se ubicó la g-I, primera fábrica orbital donde nació la “Aristarco g XXII”, en honor al filósofo griego que siglos antes de Cristo postuló que la Tierra giraba en torno al Sol y no al revés, como pensaron los humanos hasta Copérnico. La Aristarco podía acelerarse con los estatorreactores de fusión hasta velocidades cercanas al 60% de la velocidad de luz.

El primer destino de la Aristarco sería el sistema solar Tau Ceti a casi 12 años luz del nuestro. En este sistema se habían descubierto cinco exoplanetas de los cuales dos reunían características susceptibles de albergar vida. Desde que el ser humano inició su primer desplazamiento sobre dos pies no había realizado un viaje de tanta transcendencia para la humanidad.

Se convocaron las mentes más poderosas del mundo para elegir la tripulación. Como era de esperar la Dr. Angela Martín destacó sobre el resto. Nacida en un pequeño pueblo de Albacete hubo de desarrollar su carrera profesional fuera de España pues rebasaba con mucho las opciones que le brindaba ese país. Su currículum podría ser la suma de los de Newton, Einstein y Heisenberg.

Pero decidió no capitanear la expedición.

Cuando los principales medios se hicieron eco de la noticia su respuesta fue concisa:

“ El viaje son 60 años entre la ida y la vuelta. Si hubiera regreso. Los viajeros de la Aristarco apenas notaríamos ese lapso temporal pues a esa velocidad se ralentizaría el tiempo dentro de la nave, pero en la tierra serían 60 años. Pedí viajar con mi familia. Lo pensaron y aceptaron. Pero cuando supieron que mi familia son dos gatos y tres perros se negaron. Para mí no tiene sentido este viaje por una Humanidad que ya no existe”.

 

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