Los derechos de los animales

Cuando la Ley no es universal su justificación es más que debida. Cuando además es una convención, como es el derecho, su fundamento es un requisito indispensable. Que los animalistas queremos derechos para los animales, es un hecho. Que no todos los animalistas quieren los mismos derechos, también. Hay muchos animalistas que niegan los derechos que piden para sus perros a los cerdos.

Pero más allá o mejor dicho, “más antes”. ¿Por qué derechos? Hay quién afirma que los animales tienen derechos porque son animales y añaden “y punto” (para darle más vigor al asunto). Una afirmación que nace del antropocentrismo qué, precisamente, se quiere erradicar. La lógica es sencilla: “como los humanos tienen derechos y estos son animales, el resto de los animales tienen derechos”. Esta es la lógica básica a tal afirmación. Aunque quien la esgrime no suele intuir la citada base. Una argumentación absurda como afirmar que el cielo es azul, porque es azul. Y peligrosa, como afirmar que los blancos tienen derechos porque son blancos.

Si como decimos se requiere un fundamento sólido para acabar con la tradición, la cultura de la explotación animal, es imprescindible establecer unos cimientos sólidos a la necesidad de extensión de la comunidad moral, desde los humanos al resto de los animales. No sólo en positivo pues, si dejamos fuera a otros colectivos, como el de las plantas, hay que acreditarlo.

Podemos afirmar que los blancos tienen intereses – y por tanto derecho a satisfacerlos- que deben ser protegidos y que no tienen los negros, como por ejemplo, el derecho a ponerse moreno. Pero es obvio que esta afirmación es ridícula. Pues un derecho debe fundarse en algo atómico, básico, indivisible y con una preferencia por la universalización. De lo contrario, nos balanceamos en el precipicio de la segregación, que es siempre aleatoria.

Existe, pues, una característica digna de consideración: la capacidad de sentir. Sentir implica un interés, al menos, por no ser dañado. Y por tanto el derecho a no ser dañado es fundamental. Pues la capacidad de sentir es esencial, inseparable, a los seres que la poseen. Un blanco puede decidir ponerse o no moreno, pero no puede evitar sentir dolor e impulso de huída ante una llamarada junto a su piel, como también le ocurre a un negro. La capacidad de sentir y no otra, fundamenta la posición ética del veganismo, que elude generar dolor y sufrimiento en los seres con capacidad de sentir dolor y sufrimiento. Por ende, si en el futuro se encuentran otros seres con capacidad de sentir fuera del reino animal, deberán incluirse en la comunidad con derechos, sean o no animales.

Afirmar que los animales tienen derechos porque son animales es tan perverso como afirmar que los arios tienen derechos porque son arios: puro especismo (racismo, por seguir el símil).

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