Del exterminio

Sodom and GomorrahJohn Martin, 1854

En general dos de cada tres opinadores acaban abogando por un genocidio al tratar asuntos relevantes. No en asuntos del tipo “Este hijo de puta roba más que yo y por tanto me quejo”, lo que viene a ser la política española, sino en temas vitales, como por ejemplo, la ecología.

Para entender la trascendencia de la ecología basta el sencillo símil que cuenta: “Dentro de tu casa puedes discutir cómo administrar el dinero, que muebles usar, el color de las paredes, las normas de convivencia, esta habitación es mía y sólo mía, etc. pero sólo unos auténticos estúpidos seguirían discutiendo esos temas mientras la casa se agrieta y derrumba”.

De manera que cuando asoma el tema de la ecología  la conversación deriva en algo parecido a esto: “Los humanos son lo peor, son una mierda, es que tal, es que cual” y en muchos casos se añade: “lo mejor es que se extinguieran”. No es la primera vez que se aboga por el exterminio como solución a los problemas. Habría que ser más cautos con este asunto pues alguien se lo podría volver a tomar en serio.

En realidad no deja de ser una excusa típica, tópica y ridícula – de hecho ilustra de forma veraz la capacidad intelectocultural del garante – para escurrir la responsabilidad que todo individuo tiene en tanto que sus decisiones repercuten en los demás. La lógica es sencilla “Los humanos son lo peor y no se puede hacer nada para evitarlo (excepto exterminarlos)”. Obvio que el problema no es la humanidad, sino quién piensa de esta manera.

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