Sidón Babilonia

– Y recordad que aquí estoy para ayudaros. Todo el poder de las Pirámides y el Templo de Isthar se canaliza a través del tiempo para guiaros en vuestra existencia. ¡Está bueno! Ptolomeo el Sabio y su sabiduría… Sólo tienes que llamarme al 806 que tienes abajo en la pantalla. El dinero mata, mi consejo ayuda. Hum… el secreto de la Gran Pirámide aún no desvelado, con bloques de piedra de millones de toneladas que nadie sabe cómo llegaron allí, guardan el saber a tú disposición. Llámame. Ejem… sí, ¿A ver? Tenemos una nueva llamada. Comenta Sidón Babilonia con un forzado acento entre argentino e italiano mientras se acaricia su larga melena rubia.
– ¿Si? ¿Hola? ¿Sidón? – Una voz de mujer se oye al otro lado de la línea mientras Babilonia mira a cámara con sus profundos ojos azules.
– Soy Sidón Babilonia encanto. Dime ¿Qué te ocurre? Aquí Sidón parece engolar un tanto la voz.
– ¡Ay, Sidón! Qué vergüenza, me ha animado una vecina en la cola de la pescadería.
– ¡En el Antiguo Egipto las pescaderías eran las bibliotecas! Dime.
– ¿Egipto? No, yo te llamo de Alcorcón.
– Sí, ya, yo hablaba del Antiguo Egipto, ya sabes, los faraones… bueno, da igual. ¿Qué te pasa?
– Uy, he dicho Alcorcón, pero quisiera guardar el anonimato. Se puede borrar.
– Encanto, estamos en directo, ya no se puede. Pero no te preocupes, Alcorcón es muy grande.
– Ya, pero es que vivo al lado del hospital, en los pisos bajos, no somos muchos. Ya sabes.
– Bueno hija, no te preocupes ¿En qué puedo ayudarte?
– ¡Ay Sidón! Creo que mi marido… esto… es que mi marido…
– Tu marido tiene una aventura. Indica Sidón mientras mueve una cadenita de oro en torno a una pirámide de un ¿mineral? traslúcido que tiene frente a él.
– ¿Cómo lo has sabido Sidón?
– Encanto, me lo ha dicho la pirámide.
– ¡Ah! Qué gran consejo el de mi vecina. Sí, Sidón, mi marido tiene una aventura, creo.
Sidón mueve la cadena y esta empieza a zarandearse con más violencia. El adivino abre mucho los ojos…
– Sí, pero no te preocupes. No hay amor. El sólo se ha fijado en las grandes herramientas de la fémina. La veo, es muy hermosa. Pero en los ojos de tu marido sólo veo lujuria, no hay amor. Tú sigues siendo la guardiana de su corazón.
– Hum… Sidón, ojalá. Pero el problema es que tiene una aventura con otro hombre.
– Vaya, así que tiene dos aventuras…
– ¡Qué me dices Sidón! ¿Dos aventuras?
– Eso parece. Pero en la que tiene con el otro hombre tampoco veo amor. Es sólo lujuria.
– ¡Muchas gracias Sidón! ¿Y qué me recomiendas?
– No te preocupes. Yo te voy a hacer la bendición de Gilgamesh y verás cómo tu marido abandona su desliz – Sidón menea la cadena en torno a la pirámide entonando: “Por el Poder de Ptolomeo, Gilgamesh, Isthar y el saber pétreo de las pirámides todo te irá bien”.
– Gracias Sidón, si la cosa no marcha te puedo volver a llamar.
– Marchará encanto, pero sí, todo el saber del Universo está a tu disposición conmigo. Buenas noches. Y parece que, sí, aquí nos entra otra llamada…

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