Un viaje sin retorno

Con la tragedia climática del año 2038 se vinieron abajo los fundamentos de la civilización. El resultado fue un cambio en los valores: la Tecnociencia se convirtió en el árbitro de la humanidad. Los propagadores del misticismo político, económico, religioso, filosófico, ético, etc. fueron ejecutados y la humanidad trabajó al unísono por su supervivencia. Los beneficios fueron inmediatos. Entre los muchos uno brilló con luz propia: el desarrollo de la tecnología de fusión nuclear y aplicación al “Estatorreactor”, el primer propulsor con capacidad para los viajes estelares. Continue reading “Un viaje sin retorno”

Anuncios

La paradoja del márketing bien hecho

– Y bien doctora ¿Cómo se encuentra mi hijo?
– Tengo una buena noticia y otra mala ¿Cuál quiere saber primero?
– ¡Ay! Dios mío. La buena por favor.
– El accidente fue muy grave y las consecuencias también. Tras 11 horas de operación hemos conseguido reparar los daños medulares y con la rehabilitación adecuada recuperará la capacidad de andar.
– ¡Ay! Gracias al Señor. ¡Si Usted supiera lo que he rezado! Las misas que le he dedicado a mí hijo, la de velas que he encendido a Fray Leopoldo y el Cristo de Medinaceli, Santa Lucía y el Sagrado Corazón. Y mire, mire… esta es la lista de promesas que ahora tengo que cumplir. Un viaje a Lourdes entre ellas y el Camino de Santiago haciendo el pino.
– Bueno señora, agradezco su devoción, pero lo cierto es que cuento con un equipo de especialistas muy cualificado y experimentado y además con los medios materiales óptimos para este tipo de intervenciones y…
– Sí, bueno. ¿Y la mala noticia? Interrumpe la madre.
– La mala es que con seguridad su hijo tendrá una ligera cojera, no es mucho y tal vez…
– ¿Qué? ¡Panda de inútiles! ¿Con quién tengo que hablar en este hospitalucho para plantar una queja? ¿Os voy a demandar y espero que pierdas tu trabajo?
Etc.

FIN

El nunca lo haría

15 de julio. La chica con traje y chanclas de playa apura el café y sale al exterior del bar. El calor es abrasador. Se ajusta las gafas de sol, observa la gasolinera y camina hacia el parking. Junto al suyo hay un coche rojo en marcha. Ve a un tipo que saca un perro del coche, se aleja un poco y ata la correa del animal a una papelera. Vuelve corriendo hacia el vehículo. El animal salta, forcejea con la correa y lloriquea. ¿Pero qué coño? La chica se acerca al animal, que no le presta atención. El perro sólo tiene ojos para el coche rojo que enfila hacia la autovía con sentido a Valencia. Ladra, salta, patalea, llora… ¡grita! Continue reading “El nunca lo haría”

La carta

La última noche que pasó en libertad Ernst Gürtner escribió una breve carta a su viejo amigo Alfred Schmitt. Al día siguiente era conducido a la prisión de Stadelheim, en Munich. No fue necesario ningún juicio, pertenecía al SPD (1).

Alfred Smichtt recibió el sobre y lo usó como marcador de páginas en su diario hasta 1945, pero no lo abrió. Sabía cual era el contenido de la carta. Ahora era un alto funcionario en Dachau, campo de concentración para disidentes recién estrenado en marzo de 1933. Los fantasmas del pasado no le daban miedo. Continue reading “La carta”

El ciclista

“Los va a ahorcar”, pensó.

Corría con la “bike” por un sendero entre olivos cuando vio el Patrol blanco detenido. ¿La Guardia Civil? No parecía. A unos 50 metros del camino había una torre de alta tensión y allí estaba un hombre con dos perros marrones, podencos. El tipo estaba preparando unas cuerdas junto a la torre de metal. Los perros sentados a su lado, oteando. Continue reading “El ciclista”

El señor del parque

Evitó el amor para no sufrir. Tampoco estudió y esquivó el fracaso. Huyó de la amistad, no hubo fraudes. Jamás viajó y no se perdió. Caminó de frente, sin decisiones. Por el sendero recto, sin dificultades. Al no imaginar detuvo las dudas. A veces pagó, para no estar solo.

Siempre se iba para no ser abandonado. Al no escuchar siempre acertaba. Y para evitar el juicio, nunca opinó. Corrió y no fue alcanzado. Como no miró no fue observado. Anduvo de rodillas, nunca cayó. No quiso morir… Pero ya está muerto.

Mi último día

Lo malo de morirse es no saber cuando pasará.

A mí me tocó el día de la boda de mi sobrina, que ha salido igual de gilipollas que el marido de mi hermana. El tío es un carnicero con tres tiendas que trabaja 20 horas al día y tiene el coche más molón, el peluco más grande, un chalé a 15 Km. de uno de la princesa Leticia, etc. Si se hubiera alargado el tamaño del pene cuando era joven todo eso se habría ahorrado. Continue reading “Mi último día”