La España de bien

Piensa que sus “logros” son sólo fruto del esfuerzo personal y olvida el contexto acotado por los derechos sociales peleados en los últimos 150 años. Así, el votante por la “España de bien” se siente fuerte y mofa de los que siguen apostando por la Justicia y la democracia, por el progreso. Se ve poderoso en la clase media a la que no pertenece, pues sigue siendo un simple currito de mierda que pende de un salario.

Está cansado de pagar impuestos y que su dinero se vaya a colectivos caprichosos: las mujeres con sus polladas feministas, los negros, los moros, los panchos que nos roban el trabajo y siempre andan pidiendo. Los maricones promiscuos, los animalistas que no me dejan matar feliz, los catalanes!!!!!! etc. Y él, y ellos, la clase media que no lo es, pero que es mayoría ¡no ven ni un duro!

Ha perdido capacidad adquisitiva. Ahora la parienta tiene que trabajar y no por mucha pasta, que llega el negro y te quita el puesto. Antes podías perder el tiempo un mes en la playa, ahora una semana y de milagro. Por no tener, no tienen ni identidad. ¿Qué son? El cuento del equipo de fútbol parece que ya no cuela, pero “¿Perroflautas?”, ni de coña.

Ellos no son ni machistas, ni feministas, ni maricones, ni negros, ni moros, ni urbanitas, ni animalistas. Son gente normal. Currito, coche, un pisín, matrimonio, hijos, fútbol, casita, playa, toros, fiestas. Lo vulgar, lo ordinario es su esencia ¿Qué les queda?

Ser españoles de bien.

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Izquierda y la falacia intersectorial. Una visión desde el antiespecismo

Nos choca que haya gente partidaria de los Derechos Animales (DD.AA) que no comulga, por ejemplo, con el feminismo o que sean, abiertamente, xenófobas. Pensamos, con razón, que es incoherente estar a favor de los derechos de un colectivo, el de los animales no humanos y en contra de otro (mujeres, LGTB, inmigrantes, etc.).

Pero veamos el asunto desde otro punto de vista. Seguir leyendo “Izquierda y la falacia intersectorial. Una visión desde el antiespecismo”

Intolerancia de la intolerancia

 

Decía el sociólogo Michael Mann en su libro de 2007, “Fascistas”, que estos no volverían pues su status está demonizado. Sí temía, no obstante, que renacieran de otra manera, con otros nombres, otras formas. Once años después de su publicación pienso que el fascismo se ha quitado el complejo y ya los hay que se reconocen como tal sin tapujos, una realidad más funesta que la prevista por Mann.

Eco nos ofrece una síntesis de las características, en abstracto, que propician el “fascismo eterno”, como él lo llamaba, en un pequeño ensayo que se recogen en la imagen adjunta. Condiciones que se dan en la actualidad para regocijo de los seguidores del ideólogo fascista Julius Evola, el cual recomendó a sus acólitos “cabalgar el tigre”, es decir, esperar a que las condiciones descritas por Eco se pusieran de manifiesto para pelear por el poder.

La historia nos dice que los opositores tradicionales al fascismo en la izquierda y derecha: comunistas, anarquistas, socialistas, demócratas, liberales, conservadores, etc.  nada pudieron contra el crecimiento del fascismo. Confío en que los movimientos sociales punteros del XXI: feminismo, animalismo, ecologismo, neoruralismo, movimiento LGTB, etc. sean el acicate contra este monstruo eterno antes de que eche raíces. Y para ello, el primer paso, es aceptar como una necesidad fundamental la intolerancia de la intolerancia.

Breve historia de la inmigración española.

Los primeros españoles, los únicos españoles de verdad y originales, llegaron a España hace un millón y pico de años. Y en teoría, de estos, no quedaba ni uno. Medio millón de años después aparecieron unos inmigrantes del centro de Europa, los Heidelbergensis, para vivir de las ayudas públicas. Y aquí estuvieron otro medio millón de años, hasta que los neandertales, que eran más listos y fuertes, echaron a los otros y se quedaron con los pisos públicos. Pero estos neandertales ya no eran españoles de verdad, eran inmigrantes con nacionalidad española, que no es lo mismo.

Durante el Solutrense, hace unos 20.000 años, más menos, llegaron los africanos negros, se discute si en patera, pero vamos, que llegaron y acabaron con los neandertales. Estos negros africanos, por supuesto, no eran españoles. Los españoles de verdad sólo fueron los primeros de todos. Nosotras, las españolas de hoy día, somos descendientes de estas inmigrantes sapiens y negras. Seguir leyendo “Breve historia de la inmigración española.”