Intolerancia de la intolerancia

 

Decía el sociólogo Michael Mann en su libro de 2007, “Fascistas”, que estos no volverían pues su status está demonizado. Sí temía, no obstante, que renacieran de otra manera, con otros nombres, otras formas. Once años después de su publicación pienso que el fascismo se ha quitado el complejo y ya los hay que se reconocen como tal sin tapujos, una realidad más funesta que la prevista por Mann.

Eco nos ofrece una síntesis de las características, en abstracto, que propician el “fascismo eterno”, como él lo llamaba, en un pequeño ensayo que se recogen en la imagen adjunta. Condiciones que se dan en la actualidad para regocijo de los seguidores del ideólogo fascista Julius Evola, el cual recomendó a sus acólitos “cabalgar el tigre”, es decir, esperar a que las condiciones descritas por Eco se pusieran de manifiesto para pelear por el poder.

La historia nos dice que los opositores tradicionales al fascismo en la izquierda y derecha: comunistas, anarquistas, socialistas, demócratas, liberales, conservadores, etc.  nada pudieron contra el crecimiento del fascismo. Confío en que los movimientos sociales punteros del XXI: feminismo, animalismo, ecologismo, neoruralismo, movimiento LGTB, etc. sean el acicate contra este monstruo eterno antes de que eche raíces. Y para ello, el primer paso, es aceptar como una necesidad fundamental la intolerancia de la intolerancia.

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