Sidón Babilonia

– Y recordad que aquí estoy para ayudaros. Todo el poder de las Pirámides y el Templo de Isthar se canaliza a través del tiempo para guiaros en vuestra existencia. ¡Está bueno! Ptolomeo el Sabio y su sabiduría… Sólo tienes que llamarme al 806 que tienes abajo en la pantalla. El dinero mata, mi consejo ayuda. Hum… el secreto de la Gran Pirámide aún no desvelado, con bloques de piedra de millones de toneladas que nadie sabe cómo llegaron allí, guardan el saber a tú disposición. Llámame. Ejem… sí, ¿A ver? Tenemos una nueva llamada. Comenta Sidón Babilonia con un forzado acento entre argentino e italiano mientras se acaricia su larga melena rubia.
– ¿Si? ¿Hola? ¿Sidón? – Una voz de mujer se oye al otro lado de la línea mientras Babilonia mira a cámara con sus profundos ojos azules.
– Soy Sidón Babilonia encanto. Dime ¿Qué te ocurre? Aquí Sidón parece engolar un tanto la voz.
– ¡Ay, Sidón! Qué vergüenza, me ha animado una vecina en la cola de la pescadería.
– ¡En el Antiguo Egipto las pescaderías eran las bibliotecas! Dime. Seguir leyendo “Sidón Babilonia”

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El alma de los animales

A finales de los años 50 del siglo pasado vivía un matrimonio sin hijos en un pequeño pueblo de Jaén cuyo nombre no viene al caso. Mercedes no perdía la esperanza de la maternidad y rezaba todas las noches tres padres nuestros y seis avemarías por prescripción eclesiástica. Santiago, por el contrario, aceptó su destino.

Los años pasaban y aquello no germinaba. Ella incrementaba la dosis de rezos y él encontró una nueva compañera a la que llamó Estrella, una podenca con un ojo de cada color, zalamera y cariñosa. No se supo de donde vino, pero cachorra apareció en la puerta de Santiago y Mercedes, helada y en los huesos. La pareja se apiadó de ella. Seguir leyendo “El alma de los animales”

Todos los hombres somos violadores

Y mucho me temo que si no fuera ilegal…

Vale, es cierto que el amigo que habla de follarse a la primera que pasa por la calle contra una farola, mientras nos reímos de la gracia, puede que al final no lo haga. Y me pregunto por el freno que le impide hacerlo. ¿Es infalible ese freno? Obvio que en muchos casos no. Por cierto, casi el 100% del porno que tanto nos gusta va de follarse a la primera que pasa, por la oficina, la enfermería, la calle, la escuela, etc… Seguir leyendo “Todos los hombres somos violadores”

El día que las escaleras mecánicas se jodieron

Así fue. El servicio de gestión de las escaleras mecánicas inició una huelga indefinida. ¡Y eran los que llevaban las del tren y metro de Madrid! Aunque no lo parezca, el mantenimiento de estos artilugios es constante y complejo.

Al principio hubo manifestaciones como no se habían visto desde el 69 y algún asesinato que otro. Muchos optaron por ir al trabajo en coche y las arterias de asfalto se colapsaron. Al menos los ascensores siguieron funcionando, pero los “seguratas” tuvieron que velar para que sólo los usaran personas con movilidad reducida y aquellas con carritos para los niños.

Como no quedaba otra la gente usó las piernas. Un día y luego otro. Al principio hubo varias muertes por infarto, pero los supervivientes se fueron acostumbrando. Conforme los músculos y tendones tomaban la forma del Homo Sapiens y los pulmones hacían su función la cosa no pareció tan grave. Seguir leyendo “El día que las escaleras mecánicas se jodieron”

Breve historia del amor romántico – y a los animales-

Hubo un tiempo en que los niños no eran amados.

Antes del S. XVIII la mortalidad infantil era tan alta como los nacimientos. La muerte infantil alcanzaba a todos los estamentos de la sociedad y para asegurar descendencia el recurso era la procreación. Las mujeres de aquella época podían estar pariendo todos los años de su vida fértil o morir en el intento. No tenía mucho sentido encariñarse…

Transcribo un ilustrativo párrafo  del trabajo de Ariès (1) al respecto:

“La gente no podía apegarse demasiado a lo que se consideraba como un eventual desecho. Ello explica las frases que chocan con nuestra sensibilidad contemporánea, como las de Montaigne: “He perdido dos o tres hijos que se criaban fuera, no sin dolor, pero sin enfado”, o la de Moliere, a propósito de la Louison de Le Malade imaginaire: “La pequeña no cuenta.” La opinión general no debía, como Montaigne, “reconocerles ni movimiento en el alma, ni forma reconocible al cuerpo”. Seguir leyendo “Breve historia del amor romántico – y a los animales-“

¡Viva la caza!

Han matado a un chaval de 13 años. Su padre será de los que, sacando pecho, critican al movimiento animalista porque, según ellos, “Walt Disney” ha hecho mucho daño a la sociedad. Dicen los cazadores que la vida es cruel y dura ¡Y tan cruel! Que se lo digan a los padres del niño…

Pero había que endurecerle. Hacerle un hombre gracias al olor de la sangre y el desprecio por la vida. Hacerle un hombre machacando al que no se puede defender. Eso es la caza. Un mundo para hombres de verdad, de los de antes, de los que se hacen, porque no todos nacen; de hecho, algunos se hacen justos y piden la abolición de la caza.

Ese chaval tenía que aprender a matar, aniquilar los sentimientos de compasión, empatía y llegado el momento, embadurnarse con la sangre y vísceras del animal ejecutado. Un rito ancestral de iniciación de cazadores, tan bárbaro, repugnante y salvaje como antiguo. Pero ya está muerto. Lo han matado los que van armados por el monte.

No ha muerto en un accidente. En un accidente se muere cuando el objetivo no es la muerte. Pero ese no es el caso de la caza, ni de la tauromaquia… Ese crío, que debería haber vivido para ser una gran persona ha muerto porque hay gente suelta con armas, dispuestas a matar. Sujetos que apuntan y disparan a cualquier cosa que se mueva: guardia rural, ciclista, senderista, ciervo, jabalí o niño…

Cansados de víctimas inocentes no podemos seguir tolerando esta barbarie.

#StopCaza #YoNoDisparo

 

El antiantitaurino

Frank Cuesta tiene razón. Los taurinos no son bárbaros sedientos de sangre y el torero no es un salvaje, hace una actividad legal; ni es un torturador, ni es un asesino. Es cierto que incluso tu vecino puede ser un taurino ¡Y tú saludándole! Para F.C. que los taurinos sean humanos parece haber sido una revelación divina (1).

En 2010 se publicaba un pequeño librito de título “Aquellos hombres grises” (2). El autor, C.R. Browning, profesor de Historia en la Universidad de Carolina del Norte, se planteaba cómo fue posible que personas normales, padres de familia, hermanos, hijos… fueran capaces de cometer las mayores atrocidades imaginables contra otro ser humano. El libro es fundamental, aunque aporta más dudas que respuestas – como debe ser-.

Algunas de la causas serían la situación de guerra, el fanatismo de la propaganda, la pertenencia a unidades de exterminio o más en general ser parte del grupo privilegiado: los nazis. También la permanente sensación de terror en el conflicto bélico, la idea sacralizada de supervivencia, la deshumanización del enemigo, etc. En cualquier caso una situación extraordinaria, alejada de la realidad, que condicionaría los comportamientos humanos. Causas que explican pero no justifican los actos, pues también hubo quién en la misma situación no fue partícipe de tan extrema degeneración humana.

El mundo de la tauromaquia también es extraordinario.

Con su lenguaje, sus costumbres, su cosmología, sus tradiciones, su música, sus rituales, su religión, héroes y divinidades. Es un compendio de elementos, signos, que cubren, disfrazan, desvían, esconden, el hecho de la tauromaquia en sí – torturar un animal hasta la muerte-. Comprender estos símbolos y sus significados nos acercan al “mundo del toreo”, al cristal opaco con que los taurinos observan su entorno. Un mundo anacrónico en una sociedad del S. XXI.

Sin toda la parafernalia taurina sólo vemos el hecho, crudo, puro, objetivo: un animal indefenso es acribillado y muerto ante la algarada del respetable. Sin toda esa estructura taurina que esconde, que desvía la atención de la esencia taurina, la tauromaquia sería ilegal. Igual que en una sociedad civilizada las atrocidades nazis nos parecen intolerables. Frank Cuesta se ha acercado y comprendido la estructura que esconde la barbaridad del toreo.

Decía Nietzsche que cuando miras al abismo, este te acaba mirando. Y esto le ha pasado a Cuesta, porque todo esfuerzo por comprender genera empatía.

Frank Cuesta ahora empatiza con el agresor y su público, con los que matan, torturan y disfrutan viéndolo. Le resulta difícil ver el objeto último de la Tauromaquia entre toda esa maraña de música, palabrería, leyendas, mitos, testosterona… ese final donde un animal yace desangrándose hasta la muerte bajo el griterío y la fanfarria de la masa taurina.  F. C. Ahora empatiza con el agresor y su público, olvidando a la víctima eterna: el animal.

(1)http://www.elmundo.es/television/momentvs/2018/10/15/5bc46d7b46163f324e8b4587.html

(2)https://www.casadellibro.com/libro-aquellos-hombres-grises/9788435018869/1825110

 

 

 

 

 

 

(1)http://www.elmundo.es/television/momentvs/2018/10/15/5bc46d7b46163f324e8b4587.html

(2)https://www.casadellibro.com/libro-aquellos-hombres-grises/9788435018869/1825110