Animales, cientificismo y el paradigma feminista.

herbert_west_by_carriejokerbates-d9ey62f1La revolución feminista de los años 60 mostró que las mujeres tienen derechos. También descubrió muchos datos sobre el reino animal en general. Por ejemplo, que el león no es jefe de un harem, sino un mantenido y que en el mundo de los mamíferos ellas son las que manejan el cotarro.

Comprendimos que los motivos por los que ellos son ejecutivos y ellas secretarias nada tienen que ver con los presuntos roles entre cazadores y recolectoras cavernícolas, ni estos fueron heredados en los genes.

¿Cómo fue posible que la ciencia cambiara de opinión?

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Ser nada

Mediaban los ochenta en un pueblito de Jaén cuando la vi subir por la calle estrecha. Era una mujer enorme, con el pelo gris recogido en un moño y las manos tan grandes como los sacos que llevaba. Pasó a nuestro lado sin prestarnos atención, mirando al frente, como el soldado que marcha al destino cierto elegido por otros.

Mi tía no la saludó y me extrañó, pues lo hacía con todo el mundo, así que pregunté.

– Gente rara, me dijo.
-¿Cómo se llama?
– Pedro.

Eran dos hermanas bautizadas como Nieves y Dolores. Un médico recomendó a sus padres que al no ser ni hombre ni mujer, al no ser nada, mejor que se hicieran pasar por ellas. El varón es propenso al desnudo y acabará en la mili, donde no se puede ocultar eso…  El padre, no conforme, a ella siempre la llamó Pedro y así se la conocía.

En una ocasión los quintos del pueblo, que cuando no están torturando animales planifican algo del estilo, decidieron que ya era hora de ver que había entre aquellas piernas. Persiguieron a Pedro por el monte hasta que esta liebre agarró una rama de olivo y puso a buen recaudo a más de tres o cuatro.

Muchos años después volví al pueblito de Jaén y me interesé por esta persona que  nunca fue nada. Me contaron que tras la muerte de su hermana lo vendió todo y se marchó para siempre.

aaa

El canto de la vecina.

En el ascensor, bajando. 6ª planta, se sube una vecina.
– Qué calor ¿no? Preguntafirma.
– Y tó de golpe, pa darnos un susto. Respondo.
Llegamos a nuestro destino y abre la puerta un negro enorme. Saludos de cortesía.
– Que majos son, comenta la vecina.
“Uuuuuuuu…”, pienso.
– Son nuevos, no? Pregunto.
– Sí, son dos y viven en mi planta.
– Guay.
Silencio… cara de pensar la de ella, abro la puerta de la calle.
– A ver… al fin y al cabo son como las personas. Hasta luego. Se despide.
Son ochenta días son, ochenta nada más… etc.

05

Las buenas intenciones

aaaImagina que vas por la calle y de repente te cae un trozo de tocino en la cabeza. Esto ya es motivo suficiente para hacer vomitar a una cabra, si encima eres vegano, como es mi caso ¿Qué te voy a contar? El asunto se vuelve más grave cuando deduces lo que está ocurriendo. Un buen samaritano intenta alimentar a los gatos de la colonia que, además, cuido. Las consecuencias son jardines y aceras llenas de carne putrefacta y mal oliente.

¿Pero que pasa aquí? Pues pasa que a pesar de la buena intención, los gatos no comen esas porquerías y los restos putrefactos acaban en un hormiguero, la panza de un perro despistado que acabará en el veterinario o lo que es peor… la mente de ese vecino que odia a los gatos y que con estos actos, bien intencionados pero incívicos a todas luces, legitiman su postura: ¡Malos olores! ¡Atracción de alimañas! etc. son las excusas típicas del vecino que no soporta a los pobres gatos de la calle. Seguir leyendo “Las buenas intenciones”

Carta de un ex vegano

Se acabó. Me han convencido. Voy a dejar de ser vegano. Y no por capricho ¿Eh? Tengo razones de peso.

Primero, los cavernícolas. A ver, si hace 1.500.000 de años comían carne, es obvio que tenemos que comerla nosotros también. Esto es una prueba científica. Lo contrario es ir contra la naturaleza. Ahí, todo el día a garrotazos, comiéndose al vecino y buscando carroña. ¡Pues es lo suyo joder! ¡Viva el Frente de Liberación de Atapuerca! Hostia puta ya…

Segundo. Los leones. Mira, una cosa está clara. Los leones cazan en la sabana africana y yo cada vez que me miro a la espejo me veo muy león. La verdad. Así, con esas garras y dientes… nada, nada. Llamadme león a partir de ahora, que es como me siento. Pero en inglés, lion. Laaaiiioooonnn. Abriendo mucho la boca. Y ponerle el King delante, que lo bien hecho bien parece. Seguir leyendo “Carta de un ex vegano”

Los que vigilan (*)

13533191_1018806344871095_6562698978960484401_nComo es habitual, me paso por las colonias gatunas de mi pueblo. Ellas me conocen y cuando me ven aparecer, salen de sus escondrijos y se acercan. Unos más confiados que otros. Esperan su comida y tal vez, mis palabras que siempre les cuentan cosas. Ellas me miran y escuchan y con sus ojos también me narran sobre lo dura que es la vida en la calle.

El otro día andaba por allí, siempre alerta, pues es ilegal alimentar a los gatos, cuando aparecieron dos niños con sendos palos en la mano. Se acercaron a mí y me preguntó el mayor de ambos: Seguir leyendo “Los que vigilan (*)”

El llanto de Tordesillas

El río Duero pasea tranquilo a cuestas de sus propios recuerdos, que son muchos, bajo el puente que adorna la bella, Muy ilustre, antigua, coronada, leal y nobilísima villa de Tordesillas. Anclada en el linde de los avatares del tiempo, descansa y recuerda un pasado tan amplio como sus títulos. Así es Tordesillas, una de las joyas del arte y la cultura de la vieja Castilla y por ende, la cansada España. Seguir leyendo “El llanto de Tordesillas”